15.11.2018

"Hay que repensar la forma en que producimos"

El director del programa Enlace, Daniel Arbulo, se suma a Plaza Quiero para pensar sobre los desafíos del trabajo colaborativo desde la perspectiva de la economía social y solidaria.

¿Por qué es necesario discutir hoy sobre trabajo colaborativo?

Porque se están dando algunos cambios tecnológicos que están arrastrando consecuencias sociales, económicas y medioambientales sobre las que hay que dar respuesta. Entonces en el cambio de las tecnologías, de las formas de vincularse -entre las personas y el medioambiente- hay que repensar la forma en que producimos y reproducimos nuestro medioambiente, y asumir que finalmente se terminó esa etapa de un trabajo individual. Durante muchos años hubo un proceso de desmembramiento de esa estructura ocupacional en que un mecánico o una maestra empezaba a los 18 años y terminaba a los 90 siendo jubilado o jubilada de eso y hay un proceso de cambio contaste. Hay dos posibilidades; una es que el sistema capitalista tradicional tome las decisiones, y otra es que la sociedad civil se organice y asuma responsablemente una forma distinta de vincularse con el medioambiente. 

 

¿Qué actores sociales y políticos deben estar presentes en estas discusiones? 

En primera instancia, creo que desde el movimiento sindical y desde el movimiento cooperativo -desde las estructuras laborales responsables- hay un papel fuerte a jugar. Para poner en agenda, pero además para abrir la cabeza. Creo que además el sector de la educación, toda la educación, tiene que repensar esto. No sirve con algunos “tips” que usamos durante mucho tiempo, sino que hay que repensar todo el proceso educativo. Y además me parece que las organizaciones de nuevo tipo -las de la nueva agenda de derechos- son claves para poner una perspectiva que no necesariamente está en las primeras organizaciones. La perspectiva de la diversidad de género, del respeto al medioambiente, el cuidado de nuestro entorno; muchas veces quedan de lado y son minoritarias en términos de peso a la hora de tomar las decisiones frente a otras posturas mucho más productivistas. Para mí es clave la presencia de todos estos sectores. Que se pueda meter una perspectiva en clave de accesibilidad, en clave de diversidad sexual, en clave de migraciones -culturas distintas a la tradicional uruguaya y a su forma de trabajar-. Hay un montón de organizaciones vinculadas a los derechos de los usuarios de la salud que tenemos que tomar en cuenta. Nuestra forma de trabajar, hasta ahora, es pensada para una persona mayoritariamente masculina con un estado físico sin mayores problemas visibles y que tiene que instalarse en un espacio determinado. En realidad, hay que pensar en un montón de personas que han sufrido accidentes laborales y que tienen que trabajar de forma distinta. Hay que pensar una forma de diversidad que respete las distintas visiones. Y claro, nombré a toda la sociedad, pero es importante tomar en cuenta que hay un montón de organizaciones que a priori son parciales pero que tienen mucha importancia a la hora de poner el pienso en lo colaborativo. 

 

¿Qué decisiones políticas hay que tomar para poder llegar a este cambio de modelo?

Yo creo que la primera decisión política que hay que tomar es asumir que la crítica es válida. Que estamos en una democracia fuerte y para tener una democracia fuerte necesitamos una sociedad civil organizada con capacidad de criticarnos y ser autónoma. Creo que tenemos que tener la madurez suficiente como para también criticar decisiones que vengan desde sociedad civil; pero ese diálogo franco es fundamental. Y creo que hay decisiones que tienen que ver con repensar algunas estructuras de programas que tenemos, que quizás estén pensados para hace 15 años y tiene que cambiarse. Hay programas de 2004 o 2005, incluso 2010, que ya deberían estar repensándose para este tipo de nuevas formas de trabajo. Y además creo -porque lo hemos vivido desde la práctica de Enlace- que hay una infraestructura absolutamente subutilizada para nuevos sectores de actividad. En Montevideo y en todo el país, hay un montón de infraestructura subutilizada y muchas veces las decisiones -tanto en el sector público como en el privado- son las de invertir en nuevas estructuras. Esos son los ejes: primero asumir que hay que cambiar, asumir la crítica de la sociedad civil y vincularse con ella, y pensar esto en términos de infraestructura. Yo creo que es una forma más abierta de asumir que todavía no tenemos todas las respuestas. Si pienso en términos de inversión, yo no sé si invertiría en un nuevo edificio con todos los que hay subutilizados, para estos sectores más colaborativos. 

 

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